Como seguidores de Cristo, debemos orar fervorosamente, apasionadamente y frecuentemente. Debemos buscar la voluntad de Dios, suplicar por Su intervención divina y pedir una fuerza estabilizadora y una gracia sustentadora. Con demasiada frecuencia, la oración acaba como nuestro último recurso en vez de nuestra primera respuesta.
Una cultura indolente
Un estilo de vida apurado resulta en una cultura desechable. Las cosas que deberían ser duraderas y significativas se sacrifican en el altar de lo temporal y superficial.