Vivimos en una cultura que nos anima, nos incita y hasta nos empuja a creer tan solo en las cosas que pueden ser comprobadas científicamente. Teniendo siempre en mente el dicho: “hasta no ver, no creer”. Esto aún es cierto con los niños pequeños.
¿Quien soy yo?
Dios tiene toda clase de maneras creativas para utilizarnos; maneras que ni siquiera podemos imaginar y que, ciertamente, no somos capaces de ver a la vuelta de la esquina.